29 ago 2007

Y si fuera...

¿Y si sueño que mi vida es tan sencilla como un mendrugo de pan? Que mis días se pasan oyendo los gritos y risas de mis diez hijos mientras muelo maíz para su deleite. Mi marido llega con la caza a la espalda y saluda con una medio sonrisa de luchador orgulloso mientras da unos golpecitos en mi cabeza plagada de caracolillos. Las noches pasarían tranquilas, acurrucados ante la hoguera contándonos historias de guerreros valientes, mujeres mágicas que cuidan de los sueños, aves que hablan con los dioses y que provocan que los ojillos de los niños iluminen la noche oscura y bañada de estrellas. Despertar cada día con la mente limpia con si volviera a nacer cada vez, sin esta marabunta de preguntas sin repuesta, sin necesidad de buscar mi sitio, con la tranquilidad de que todo está escrito y cada papel adjudicado de antemano. Que si un día la desgracia nos visita solo quepa mirar al dios águila para suplicarle unos trazos de su fortaleza y así poder aceptar el destino sin más. Quizá una ofrenda en forma de danza que rompa las nubes que han de regar mi huerto. Sin espejos, porque solo la mirada que me devuelven mis hijos, mi marido, mis vecinos amigos, me dan la certeza de la belleza que me acompaña.



¿Y si soy un pequeño y blando pero resistente huevo de Geco? Mi mama, con esa sabiduría de años remotos que lleva sobre sus escamas, me habría depositado en el hueco de un tronco caído, cerca de la playa. La marea me mecería hasta alta mar, como si adivinara mi espíritu aventurero y colonizador, flotaría tranquilamente acurrucado en la madera, en un mar cálido y transparente como pocos. Un día, en el horizonte, se divisaría una nube esmeralda, una pequeña pero preciosa isla que hace sombra a cualquier paraíso que puedas imaginar. Allí, el mar, me depositaría en la arena deslumbrante y yo sentiría que es el momento de salir de mi cáscara. Sacaría mi cabecita verde luz, otearía mi entorno y sonreiría al ver mi nuevo mundo por conquistar, mi hogar.



O mejor aún, ¿y si tan solo fuera un coco de mar? Un fruto grande, voluptuoso, con forma erótica y sensual, del que se diría se inspiraron nuestros antepasados para tallar la Venus de Willendorf. Que desde los principios de los tiempos cae enorme, llamando mucho la atención, rodando ladera abajo hasta la playa y allí, tranquilo, paciente, espera su destino que no es mas que alimentar a otros para que el mundo siga su curso natural. Un fruto duro por fuera, no apto para cualquiera bichejo sino solo para los que sus inteligencia o su genética de gran superviviente les capacita, pero tierno, jugoso y nutritivo por dentro. Quizá con suerte, como en otra época, alimente también la impresionable imaginación humana que verá en su forma el origen de mitos con poderes afrodisíacos.

Si, hoy me apetece ser coco de mar: sensual, pasiva y mágica.

25 ago 2007

Esa carpeta negra...

Qué hace aquella mujer aferrada a una carpeta negra. Por qué se abraza a ella como si fuera algo dulce y suave, como si fuera un trozo humano si sólo es un rígido plástico que tiene muy poco de amable.

Qué le hace limpiarla con esmero, mimarla, cuidarla como si de una preciada joya se tratara.

Por qué derrama sus lágrimas sobre ella si no quieren quedarse ahí. Se resbalan, se evaporan y no queda nada, no impregnan nada.

Por qué llora desconsolada, de dónde nace ese dolor tan profundo.

Qué hay en esa carpeta que ni siquiera se atreve a mirar. ¿Tan importante es su contenido?

Me susurran que está llena de pilares rotos, anclajes oxidados, abrazos huecos y genética ineludible, de odio podrido y calcificado y de un amor primigenio que añorará hasta el final de sus días. Quizá guarda a una niña que no entendía el por qué del vacío que sentía en la garganta y a una mujer que no supo encontrar el abrazo que taponara esa hemorragia sin control.

La guardará para siempre. Puede que nunca mire dentro o quizá algún día ya no duela tanto como para poder ordenar su interior y sonreir melancólicamente husmeando su contenido.

Esa carpeta negra…

24 ago 2007

Sería tan fácil...

Sería tan fácil llevarte en el bolsillo, sacarte cuando la multitud me pierda y besarte hasta caer en la locura.

Sería tan fácil tenerte en mi mesita de noche y untarte por mi cuerpo robándote la suavidad.

Sería tan fácil tenerte en mi baño para rociarte por mi cuello, por mi escote, adueñándome de tu hipnótico aroma.

Seria tan fácil tenerte en mi mesa y, a mordisquitos, saborearte, paladearte y extasiarme con tu sabor.

Sería tan fácil esnifarte hasta el tuétano para que la euforia me lance a esos mágicos momentos que aún han de venir.

Sería tan fácil dejarme caer en tu red de estrellas y rendirme a tu pasión.

Sería tan fácil acomodar mi corazón en ese hueco tuyo para descansar por fin de tanta lucha.

22 ago 2007

El Santo Grial

De quién son esos dedos que pellizcan mis pezones y amasan mis pechos con dedicación. De quién ese bálano vigoroso que busca refugio entre mis nalgas. De quién esa lengua que explora curiosa mi ombligo. Y esas manos que escalan mi vulva con sabiduría. O esos dientes que se hunden en mi yugular. Ese aliento que susurra sucias palabras en mi oído y hace que mi juicio abra una brecha en mi frente. Cálidas y húmedas guaridas que engullen mis dedos. Uñas que arañan mi espalda. Labios que sellan con besos mis ojos. Esa boca que me da de beber su saliva y ahoga mis súplicas. Ese brazo granítico que rodea mi cintura y me bandea a su son. De quién ese fuego entre mis piernas.

Eran guerreros y guerreras que creyeron ver en mí el Santo Grial. No quise decepcionarles con la verdad. Se les veía disfrutar tanto….

19 ago 2007

A ti que me vives desde el otro lado

Quiero dedicarte unas palabras sólo con la intención de que sepas cual es mi mirada y hasta que punto siento clara mi visión de nosotros.
Un día, por pura intuición, decidí abrir una ventana con acceso directo a tu trastero. Fue todo un acierto (punto para mi) porque desde un primer momento hubo un camino llano que conducía directamente a la risa, al entenderse sin tener que explicar nada, en el que los sentimiento te cubren hasta emborrachar, en el que el tiempo deja de tener una secuencia fija y lo marca sólo el cansancio de horas de intercambios y esa certeza de que fuimos gemelos en algún momento de nuestras vidas, pasadas, presentes o futuras (vete tu a saber).
Yo se que te asustan los sentimientos intensos, se que te desconcierta tanta coincidencia. Esa sorpresa te hace ver en mí cualidades que tengo sólo en virtud al reflejo que encuentro en ti.
No soy mas sabia, ni estoy de vuelta de todo, no tengo poderes, es tan sencillo como que al mirar tu sonrisa sonrío al unísono porque es eso lo que hacen los reflejos. Al mirarme en tus ojos, los míos se achinan igual, mis arrugas florecen igual, mi esencia brota igual.
Puede que suene a desgastado eso de “tengo la sensación de que nos conocemos desde siempre” pero es que quizá tenga alguna explicación científica o psicológica porque es exactamente lo que mi pulso me dicta.
Si, fue un gran acierto el día que decidí abrir mi ventana de cara a la tuya, esa que pintaste con un brumoso lago nocturno, con luciérnagas saltando y grillos cantando.
Es curioso como hay encuentros que, a pesar de quererlo, a pesar de poner empeño en ello, no se rompen tan fácilmente. Tienen una naturaleza duradera en si mismos hasta el punto que desafían cualquier principio, cualquier ley o norma que tan esmeradamente hemos forjado y a la que tan sólidamente no creíamos anclados.
Pero no temas, no quiero poner grilletes en tus pies ni en tus manos y mucho menos en tu imaginación. Nada me haría mas feliz que ver como salen alas de tus orejas y tu mente vuela libre.
Debes saber que yo no me fui. Sólo hice lo que hacen los reflejos, di la espalda cuando tú la diste. No puede hacer más.
Aunque quizá sea más acertado decir que tú no eres el original ni el reflejo, ni yo tampoco, porque los dos somos ambos.
También se que tu cuerpo sentía dolor en cada músculo, en cada tendón, en cada víscera, que te encontrabas convaleciente y, me atrevería a decir, comatoso. Pero fue tan clara la visión de que en algún momento estuvimos unidos por el mismo hilo vital que no necesité que tu lo supieras para verlo yo.
Te escondes, porque necesitas tener las espaldas resguardadas, necesitas tiempo (no se sabe cuanto ni falta que hace medirlo) para que la nube de tus ojos se desvanezcan y veas que la luna no está empañada, que no es una visión ilusoria, no es un engaño, no es un truco.
Te atreves a decir palabras con tanto poder de enraizamiento como “te quiero” quizá pensando que no traspasaran las barreras antiparásitos, quizá esperando que no trasciendan mas que en una fila de letras bien sonantes, y sólo te atreves a hacerlo tras la penumbra de una ventana que crees te protegerte de futuros desengaños. No tiembles, los engaños existen cuando se cree que sólo hay una verdad.
No espero nada, no pido nada, no añoro nada. Todo está en su sitio y lo que no, es que precisamente tiene que estar sin etiqueta.
No quiero que cambies, ni que aceleres tu ritmo (el mío va rápido como un antiguo recurso ante el aburrimiento) no espero que un día veas una luz y me veas como la solución a tus problemas, no espero que abras los ojos y veas tus sueños hechos realidad en mi, no espero que quieras que llene tus vacíos.
Sólo se que me entiendes, porque, a pesar de tu escondite, a pesar de tus pupilas dilatadas por la oscuridad, de cantar bonitas palabras desde la sombra, se que tus ojos ven el espejo, pero que, en la negrura de tu refugio, la luz aún hace daño.

18 ago 2007

Adivina de que hablo

El cerebro parece que se ha expandido y que no cabe dentro del cráneo porque no para de empujar para afuera. ¿Encontrará salida por las orejas? ¿Será el cráneo el que se ha encogido?
Los ojos como dos pelotas de ping-pong con unos colores extraños y poco favorecedores.
La nariz intuye que algo huele mal pero realmente se quedó sin glándulas olfativas. Una pista de la peste es esa mosca cojonera que no se despega de ti ni a tiros, porque, además, tus brazos no son aspas de molino que pueda espantarla, son más bien dos manoplas viejas que se mueven con bastante poca gracia.
La boca áspera y rasposa como la de un gato harto de lija.
Una sensación en el estómago de que por ahí dentro está todo sucio, y embarrado. Se diría que quisiera salir y darse un fregaito en el lavabo.
La piel tiene un aspecto más de mojama que de alguien saludable.
¿Y la mente? ¡ayyyy, la mente! Esa tiene un nubarrón negro como el cieno que no le permite pensar mas allá de: beber, comer, cagar, beber, comer, cagar…..entre siesta y siesta, claro, e intercalado con imágenes entrecortadas, sin mucho sentido y obsesivamente repetitivas: una medio frase por aquí, un cacho de canción por allá, una boca riéndose de no se sabe quién…


¿Si? ¿Sabes lo qué es?
Si es así… no serás tú el indeseable que no paraba de llenar mi vaso ¿verdad?

15 ago 2007

Viaje sin retorno

Que la suerte te acompañe en la noche en que es mejor vestir de negro.
Que los besos que lleva el aire curen la herida de tu pecho, la que dejó esa mano helada.
Que tus uñas de cristal no rompan al rasgar el barniz de tus sueños.
Que sueñes con la vida que pudiste tener, que debiste tener.
Nada tranquilo en el lago de los tiempos infinitos y no quieras andar sobre tus pasos porque ya se los llevo el agua. No quieras volver atrás porque la puerta ya no existe.
Dama de la escarcha, tú que acechas a todos desde el primer halo de vida, tú que anidas en las pesadillas de todos, tú que das sentido al tiempo.
Quiero pactar contigo un viaje en tu velero cuando mis sueños ya no nazcan, cuando las risas duelan, cuando los días parezcan eternos.
Llévame a la misma orilla para así yacer en la hierba con las manos cogidas y poder contarnos cuentos llenos de viejos secretos.

14 ago 2007

Fantasía pasada por agua

La arena fina puliendo mis pies, despojándolos del cansancio que les supone llevarme a cuestas, el agua helada rompiendo en mis carnes temblorosas y desacostumbradas, la sal purificando mi mirada, mi oído, mi boca, mi piel y el movimiento rítmico e infinito que lleva y trae pasado, presente y futuro.

Llega una ola, me atraviesa y me transporta a Tavira hace 25 años con Michael Ende. Se para en mis pies, la miro y veo a Asimov esperándome para pasar una noche más conmigo contándome sus cuentos de robots y de mundos a años luz que tanto me gustan. Se aleja y me abandona para dejar espacio dónde verme algún día sonriendo mientras toco con mi varita mágica a todo aquel que se me acerca.

Salgo corriendo y me lanzo de un golpe, adquiriendo una forma aerodinámica y cargando mis pulmones al máximo. Empiezo a nadar hacia el horizonte, ¡Hacia el infinito y más allá! (como decía el pobre Buzz Lighyear creyéndose un héroe interestelar hasta el momento que encontró ciento de clones suyos apilados en unos grandes almacenes). Nado sin parar, suavemente, placenteramente, sintiendo mis músculos revivir, sintiéndome perfecta bailarina acuosa hasta que las olas parecen pararme en seco, como si una mano gigante agarrase mi cabeza impidiéndome avanzar mas. Me doy la vuelta y contemplo cuantos metros de peligro me separan de él. Ya se que aún no vive conmigo, que está muy, muy lejos, pero yo lo veo jugando en la arena con su pala, su cubito y su gruesa capa de crema protectora que lo hace parecer un fantasmita travieso. Y yo estoy allí al lado, claro, inventándome una historia fantasticular sobre su castillo de arena para que su imaginación no muera con su pasar del tiempo.

Tumbada boca abajo me dejo a merced de la marea, extiendo los brazos, abro las piernas y permito que la sensual caricia del mar no encuentre obstáculos. ¡Qué grande y repleto se ve todo! Cuantas formas ásperas y punzantes, cuantas curvas sinuosas, cuantos colores intermedios. Una morena asomando su hocico de vieja en la puerta de su guarida, una pequeña y reluciente dorada cimbreando su cuerpo de aquí para allá, el caparazón descuartizado de un centollo… Si, hay mucho movimiento bajo mi cuerpo y sin embargo yo estoy quieta, no muevo siquiera los ojos, dejo que el mecer del agua me enseñe lo que quiera.

¿Cuanto puedo aguantar si respirar, sin moverme, si tener miedo, sin pensar mas que lo suficiente como para procesar lo que ven mis ojos?

Me resulta tremendamente placentero llegar al límite, ponerme a prueba e imagino que (porque yo lo puedo todo sólo con quererlo, porque soy un ser Buzz Lightyear que aún no se a visto repe) abro la boca y respiro agua salada, como en Abyss, pero sin peligro, sin miedo, porque me digo que no pasa nada y así me quedo para siempre allí, mirando un mundo que me ignora y que por eso es precioso. No saben quién soy, no quieren mi nombre, ni mi edad, ni mi peso, no quieren saber de que vivo. No les importo una mierda y por eso me quedo para siempre espiándolos, admirando su vida simple y lineal.

¿Cómo se verá mi cuerpo desde arriba, desde el cielo, desde aquella nube? Quizá tan pequeño como un granito de arena y de momento del mismo color. Un granito de arena flotando a la deriva contento por no saber cual será su suerte, por no pesar nada, por ser redondo y perfecto, así, sin adorno alguno.

Parece que la mar se aburrió de mí porque con una ola gigante me dio media vuelta y me lanzo a la orilla. Probablemente le enfadó mi osadía de creerme con derecho a emigrar a un mundo que no es el mío y así me castigó arremolinando mi cuerpo contra las conchas sin pulir y dejándome marcas por doquier para que mi memoria no fuera la de un pez.

Me pongo en pié como puedo, un poco mareada y sin saber muy bien que es arriba y que es abajo. Estoy rebozada como un croquetita en arena y trocitos de nácar. Me siento hermosa viendo brillar lágrimas de mar por todo mi cuerpo. Siempre tengo la sensación de haber perdido peso cuando salgo del agua, aunque hoy siento la carga de mar que llevo en mi estomago.

Pensándolo mejor, el mar me escupió en un buen momento porque si me convirtiera en garbancito en remojo nunca podría vestir con millones de besos a mi fantasmita del norte. Si, quizá era mejor dejarlo todo en una fantasía.

11 ago 2007

Corazón

Tumbada en las losetas de flores que tienen muchos más años que yo, que han visto muchos más pies, más culos, que han recibido muchas más lágrimas, más gritos, más saliva de carcajadas.


Tirada, derramada, mirando el techo de bovedilla, viejo oxidado, descascarillado, amarillento. Mi corazón observa sin ganas y cree ver un reflejo de si mismo, un gemelo que le tose virutas de cal y telarañas.


Meto la mano en mi pecho sin inmutarme, sin dejar de mirar mi reflejo que me sirve de guía para hurgar en mis entrañas. Lo arranco con amor, lo alzo con compasión.


Me sorprende su temperatura, su firmeza, su pulso fuerte pero desigual. ¿No estabas muerto? Entonces ¡¿Por qué no me hablabas, por qué me hiciste creer que te mudaste de cuerpo?!


Perdóname, no quise gritarte ni ofenderte, no quería dudar de ti. Te guardare de nuevo en tu precioso cofre y no volveré a criticar tu ritmo arritmo, ni que te guste danzar a tu puta bola sin ley ni orden.


pumpum pumpumpum pum

9 ago 2007

Solas tú y yo, frente a frente

Hay una tipa dentro del espejo que me mira con cara listilla, con cara de saber mucho más de mi misma de lo que mi conciencia consigue vislumbrar.
Tienes los ojillos llenos de lucecitas burbujeantes, una sonrisa pícara y una mirada casi infantil. No hace demasiado que me la encuentro y me pregunto de dónde salió.

No se, antes no estaba, de hecho antes cuando miraba dentro del espejo no había nadie o nada, estaba vacío. Bueno, no es así exactamente, estaba lleno de caras raras, opacas, tristes, sin brillo alguno, caras que no me pertenecían. Yo creo que las odiaba y por eso hacía como la que no las veía. No es de extrañar que no me asomara mucho a mirar con ese panorama.

¿En que momento empecé a odiar a esas imágenes? Me gustaría saber el instante exacto en el que el desarrollo de mi personalidad encontró el odio como forma de expresión.

Esta tipa de ahora, esta que me mira con cara de guasa, es otra cosa. Tiene algunas arruguitas, aunque de momento casi ni se ven, unos quilitos de más pero que no afean demasiado y un pelo brillante con finas pinceladas en blanco que le dan aún mas luz. Si, esta me gusta más.
A veces me asomo para ver que me dice, que se cuenta, un ¿cómo va todo? Y por su expresión parece que todo va bien.

Sigo mirándola con un poquito de recelo, será la costumbre, y es que todavía hay momentos en los que me parece una extraña, pero aún así, creo al fin poder ver lo mismo que ven los que la quieren y eso es una sensación a la que necesito acostumbrarme.
No es que no me guste, es un sentimiento placentero y a veces incluso excitante, una especie de ansiedad positiva, repito, será la mala costumbre de no sentirlo, lo que ocurre es que su mirada, su carita, me da pudor y me abruma un poco. Es el mismo pudor que siento ante alguien en quién adivino una personalidad digna de mi admiración pero que por eso mismo me hace sentir más pequeña. Suena absurdo, suena idiota, suena raro. Sólo es una imagen que está además a mi absoluta merced, si no la miro no existe. ¿Le tengo miedo? “Que en tu silencio no te encuentres a ti mismo” ¿Irán por ahí los tiros?

Probablemente todo empieza cuando, tomando como base una educación cristiana, te inculcan el sentimiento de culpa en lo mas profundo de tu ser. Te hacen creer que el prójimo es más importante que uno mismo. Vamos, que ni Santa Teresa. Porque la frase “amarás al prójimo como a ti mismo” se perdió en el camino y se quedó en amar a los demás más que a uno mismo, a tener mas en consideración sus necesidades, sus circunstancias, a ser mas benevolente y comprensivo con el otro que con el que llevas dentro, porque en algún momento se confundió el amor propio con egoísmo malsano y se desterró el desarrollo de la autoestima como algo mal visto.
El miedo a pasarte de la raya, a ser señalado con el dedo como esa persona "egoísta" que elige quererse por encima de todo, se mete en los huesos. Terrible error que mina la perfecta autoestima con la que creo que nacemos todos y que hace que con los años uno tenga que hacer el complicado y tremendo esfuerzo de desandar lo andado, de desaprender lo aprendido.

Vale, tendré que poner remedio a esta situación. ¿Qué tal si nos vemos las caras más a menudo? Si, como el que entrena su cuerpo en el gimnasio o su respiración con los ejercicios de relajación. Entrenemos nuestros ojos, nuestra mirada cara a cara, nuestras pupilas frente a frente, con amabilidad, con buena disposición, solo hasta que me acostumbre, hasta que no sea tan raro, tan abrumador, hasta que sintamos que llegamos a expresarnos libremente, sin miedos.

¿Sabes? La justicia divina no existe, la realidad no existe, nada puede pasar, nadie puede hacernos daño porque solo estamos tú y yo y sólo queremos querernos, ¿verdad?

8 ago 2007

Días a rayas

Uno, dos, tres, cuatro…. ffffff ¿cuantos? ¿siete? Osea, una semana entera con días grises como el cemento ¡joder que aburrimiento!

A ver, busquemos ayuda.

Si, oiga, usted, si Señor Destino, venga aquí un momentito. Veamos, necesito unos cuantos días de colores, porque el gris es que además de aburrirme muchísimo no me favorece nada.
Me gustan mucho las rayas, los tonos azules, morados y anaranjados. ¿Cómo? ¿Qué no le quedan? No es posible, no le creo. A ver, vaya al almacén y mire, Mire que seguro que encuentra algo de mi talla. También me valen los cuadros si no hay otra cosa.

¡Aja! Ve usted como si había. Si sólo es cuestión de ponerse, hombre. A ver, a ver… ¡Pero bueno, que suerte tengo! ¡Una oferta de tres días a rayas añil y rojo y de mi talla! ¡Mis días favoritos!



¡¡ring ring!!
(uich, el teléfono)

:) ¿diga? :D

7 ago 2007

Buscándote en el laberinto de mi mente

Busco y rebusco, me adentro en mi mente, escudriñando, arañando las paredes, pero no encuentro. A cada puerta que abro siempre aparezco en el mismo lugar. Es como una pesadilla sin fin.

No importa todo el camino andado, no importa si uso un hilo para no perderme en las encrucijadas de mi laberinto, siempre acabo en el mismo sitio. Aquella sala, el olor de tu pelo, tu piel, tus manos hinchadas, los besos en tu sien y un adiós en tu oído.

Desespero por encontrar otros recuerdos a los que aferrarme, otras imágenes con las que aliviar mi pena, mi culpa, la ausencia, la impotencia. Es como si todo se hubiese borrado de mi memoria. No recuerdo lo malo, lo borré voluntariamente, instintivamente, en aquel preciso instante, pero…. ¿y los buenos recuerdos? Esos no quería borrarlos. ¿Es que no existieron? No puede ser.
Envidio a los que tienen a flor de piel tu risa, tus bromas, tus abrazos, tus cuidados, tu historia…

Prometo seguir buscando por mi propia supervivencia.

Yo no sabía que tu piel era suave, que tu pelo era sedoso, que tus manos eran calidas. No sabía que tu olor era el mío.

3 ago 2007

En mi saco

Dentro de mi saco:

Un guiño
una sonrisa
un beso

Una patada en el culo
una mentira ¡joder!
una decepción
y un desprecio

Un hasta luego
un adiós callado
un “sin ti me muero”
y un (ya será menos)

Los sueños, el dinero, el amor, los espejos, las palabras, los pensamientos, las melodías, más besos, las risas y el tiempo.

1 ago 2007

3 erres

Me cuesta tirar cosas, desde pequeñita, aunque entonces allí estaba mamá a la que le faltaba tiempo para llenar el contenedor de la basura. Le cojo apego a los objetos y aunque ya no sirvan siempre pienso que algunas de sus piezas podría transplantarse en otro objeto disminuido o enfermito, como una especie de donación de órganos.

Dentro de poco me mudo por onceava vez (miedo me da) y tendré que sufrir de nuevo el momento revisión de trastos y sacrificio de mucho de ellos. Imagina en todas esas mudanzas las de cosas de todo tipo que he tenido que ir tirando. Todo gracias a los buenos consejos de la gente que me quiere bien, por que si por mi fuera, necesitaría una casa adosada a la mía para guardar todo lo que soy capaz de acumular. Si es que me parece que todo se puede reciclar, recuperar, reutilizar,… Las famosas 3 erres

Lo peor de tirar (bueno, lo servible lo regalo) es que no creas que me olvido de todo de lo que me deshago. No. Cuantas veces recuerdo aquellos apuntes que tiré de viejos y que ahora me gustaría ver, aquella mecedora, aquellos cables, aquel espejo que iba a restaurar...

Me dicen que no es bueno apegarse tanto a las cosas, que es una carga, un lastre que llevas a tus espaldas y que te limitan la movilidad.

No se, si no fuera por el sentido común de los que me rodean, me imagino en un futuro como esas viejitas que viven entre montañas de cosas apiladas y que nadie entiende.

¿Síndrome de Diógenes, espíritu ecológico o sentimentalismo absurdo?

Mi Ventilador y Yo

Se siente mayor, lento, le cuesta arrancar. Lo hace al ritmo cadente de los vientos y las cuerdas de Philip Glass, es casi un espejismo de lo que era.

No, no lo consigue, sus aspas se desplazan tan lentamente como le es posible. Un caracol perdería los nervios mirándolas.

La pieza de música empieza a subir y el hace lo mismo, empieza a dar velocidad a sus brazos, realmente parece que le gusta el minimalismo, que baila con él.

Mientras él baila, se lo toma con calma, se lo piensa, se recrea, mi cuerpo llora su desprecio. Por todos los poros de mi piel cae un caudal de gotitas saladas río abajo.

Ya, ya si. Ya ha empezado a correr, muestra su energía al ritmo brillante de los violines y acaricia mi humedad con dulzura y alivio. Le miro de frente, echo la cabeza atrás y disfruto de su torrente amigo.

Ya se, tengo aire acondicionado, pero ese esta ahí, muy arriba, con sus gases que marchitan mi mundo y que me transmite un frío de ultratumba.

Yo me quedo con mi ventilador, mi viejo y sacrificado ventilador con sus remiendos de cinta aislante y su amarillenta piel de plástico.

Como una revista de sala de espera

Me siento una revista de sala de espera:

La coges por aburrimiento, para pasar el rato, en realidad te encantan esas revistas pero prefieres que no se entere nadie, la ojeas con avidez, aprovechando cada página, es algo que no te puedes llevar para verlo después, te hipnotizas para así olvidarte de lo que te rodea, pero en cuanto oyes que dicen tu nombre en alto, pegas un brinco, la sueltas, realmente la tiras en la mesita auxiliar y te largas hasta no se sabe cuando.

Si, así me siento.

Eternamente en órbita

El ángel del destino se posó en mi hombro, rozó mi oreja con su ala y mis ojos se cerraron al mundo. Los pies de puntillas apenas tocan el suelo con los dedos. La magia gira en torbellino a mí alrededor, cubriéndome, haciéndome invisible para el mundo real. ¿Quién es real? Yo no lo soy. Soy una pantalla en la que se proyectan imágenes huérfanas de tiempo, soy un pensamiento, un torrente químico de caudal dispar y dudoso origen.

Vuelvo a ser quién era, quién olvidé ser, un ente poroso, absorto, que se deja atravesar por la belleza de tu música. Bamboléame, no tengas piedad, lánzame a donde nadie pueda volver a poner suelas de plomo en mis zapatos. Sin cuerpo, sin peso, sin tiempo, eternamente en órbita.

Disfrutando del camino

Como dice Bucay (o algo parecido), nos empeñamos en buscar el camino hacia la felicidad cuando en realidad la felicidad es el camino en si. La clave es disfrutar su recorrido.

Yo tengo días buenos, días sosos, días malos y días aterradores.

Ayer tuve uno de los malos y por eso escribí ese poema o como quiera que se le pueda llamar. Y en esos días dudas de todo, te encoges y no quieres saber nada de nadie, ni siquiera de ti misma, pero al final, se acaba y llega un nuevo día y todo parece de otro color. No es que lo parezca, es que es de otro color. Lo importante es aprender a hacer balance y querer ver el vaso medio lleno.

Por otro lado creo que magnificamos el dolor, nos gusta revolcarnos en él como cerditos en la porquera. Digo yo que será algo que aprendimos de pequeños a base de hostias y de chantajes emocionales. Parece que sin dolor, que sin sufrimiento no hay emoción, no hay pasión, no hay creación.

Mi vida sigue siendo una montaña rusa, pero ya no es de las gigantes, de esas que acojonan solo con mirarlas de lejos. No, ahora es mas moderada, y a lo que aspiro es a transformarla en una montaña rusa infantil, con pequeñas subiditas y pequeñas bajadas.

Es que ya me canse de dar vueltas y de tanto mareo y aún así todavía hay días como los de ayer en los que me dejo recrear en mi pena, con buenas razones o sin ellas, eso es lo de menos. Es fácil encontrar razones para caer, esa lección la aprendimos bien.

Por eso, porque estoy harta y porque me gusta compartir me encanta hablar de lo que he aprendido, de los trucos que me encuentro por el camino, de los pasitos que voy dando hacia la madurez y hacia el equilibrio.

Y aunque ya se que nadie escarmienta en cabeza ajena, quién sabe, puede que a alguien que lea se le encienda una luz como me pasó a mi.

Ahora que no te tengo

La verdad es que no estas y más verdad es, que cuando estabas, aún estabas mas lejos.

Quiero cerrar puertas con siete llaves, levantar altos muros de acero, proteger mi cielo con cristal blindado y mirar por la mirilla para regodearme en mi encierro, para arañarme el alma y disfrutar de mi espiritual flagelo, ese que me da el placer de las lágrimas y del dolor intensamente bello.

Que fácil me resultan los saltos en el tiempo y que poco prácticos, aunque…¿quién dijo que hubiera que serlo?

Qué extraño es sentir lo que no pude, lo que no supe, ahora que no te tengo.

En las profundidades

"Al final todo planeta debe morir. Puede sufrir una muerte rápida, cuando su sol estalla. Puede sufrir una muerte lenta, mientras su sol envejece y sus océanos se solidifican en hielo. En el segundo caso, al menos, la vida inteligente tiene una oportunidad de sobrevivir.
La dirección que tome la supervivencia puede seguir un camino hacia el exterior, a un planeta más próximo al sol agonizante o a algún planeta de otro sol. Este camino queda cerrado si el planeta tiene el infortunio de ser el único cuerpo importante que rota en torno de su primario y si no hay otra estrella a menos de quinientos años luz.
La dirección de la supervivencia puede también ser hacia el interior, a la corteza del planeta. Esto es siempre accesible. Se puede construir un nuevo hogar bajo tierra y se puede aprovechar la energía del núcleo del planeta para obtener calor. La tarea puede llevar milenios, pero un sol moribundo se enfría despacio.
Sólo que también el calor del planeta muere con el tiempo. Se deben cavar refugios a creciente profundidad, hasta que el planeta esté totalmente muerto"


Isaac Asimov


Mi Soledad

SOLEDAD A la mayoría le provoca miedo y angustia. A otros les da por la melancolía, la tristeza y la autocompasión.

Pero…¿Realmente es tan terrible?

La soledad da ansiedad e incluso depresión cuando lo que realmente acojona es tener que enfrentarse a uno mismo; tener que hablarse, conocerse, quererse, comprenderse, aguantarse y en definitiva, ver la verdad verdadera de tu ser cuando no hay nada ni nadie que te distraiga.

¿Qué pasa si la soledad no aburre, no duele, no da miedo, no escuece o no da pena?

Además, ¿cómo puedo tener la cara dura de decir que estoy sola?

Mi familia me quiere y yo los quiero y eso me hace sentir que pertenezco a un grupo.

Mis amig@s me quieren y yo les quiero y eso me hace sentir conectada a alguien. Tenemos complicidad emocional, sentimientos de unión, lazos hermanos, pensamientos telepáticos y risa fácil.

Mis amantes me desean y yo les deseo y eso me da pasión, fuerza, energía, locura y me hacen rozar con los dedos a Dios.

Luego llego a casa y ahí esta mi refugio de soledad, mi territorio, mi guarida y me siento libre, feliz y completa.

¿Qué más puedo pedir?

La felicidad esta en el mundo que creo día a día con mi esfuerzo, mi tesón y mi inteligencia y un eslabón importante para llegar a ella es mi Soledad.

I want your sex

Mi mente te piensa y mi sexo te llama con su perfume de largos labios. Tus besos largos y calientes, mis alas. Mi mente quiere y puede olvidar todo lo que no quiso aprender, sacudiendo el blanco guión con olor a nuevo y anhelando con impaciencia que aparezcan las primeras palabras. Una curva, un movimiento, una gota y el sonido rebotando en las paredes. La esencia de la verdad humana.

No me toco porque mis manos no guardan sorpresas. Prefiero las tuyas.

Las tuyas siempre me traen regalos.

Solo te amo cuando te siento y te siento siempre que me da la gana pensarte.

Mi prodigiosa mente o muerte al rojo chillón

Durante muchos años (desde que tengo conciencia de ser persona hasta hace unos tres años) mi mente pensaba en rojo.

Rojo, pero … rojo, rojo. Nada de ese rojo sangre oscuro bonito y elegante. No. Rojo chillón, de ese hortera y cateto, del rojo de los pendientes de plástico que venden en los chinos. Un rojo que ponía los vellos de punta. Agresivo, chirriante, estresante, hiriente, cortante. Mirarlo dolía tanto que hasta me escocia los ojos, por eso lloraba sin parar.

Era todo caos, ira, rencor, puro nervio y, claro, así no se puede vivir, por eso, la mente que es muy sabia y siempre tiene algún recurso para defenderse, me miraba de lejos, como si estuviera fuera de mi y me dejaba hacer, pero sin dejar de vigilarme. Yo creo que me miraba y decía: ¡mírala! ¡mira la tía el plan que tiene!. Déjala, déjala que ya se cansará.

Y que razón tenía. Me canse. Coño, pero me canse tanto que caí de boca y casi traspaso el suelo. Yo pensaba que me estaba volviendo loca, je!, y eso si que acojona, ¡pero mucho, mucho!

Me pasaban cosas raras, como por ejemplo, cuando miraba al cielo, si había nubes, me daba como una especie de claustrofobia. Parecía que las nubes estaban ahí, encima de mi cabeza agobiándome, o sentía que mi cerebro se hinchaba y se hinchaba como si fuera a explotar. Cosas de locos, lo que yo te diga.

Y fíjate tú que no era más que mi mente dándome de hostias por malvivir sin razón, por escoger el camino rojo en vez del multicolor. Veras, es que yo no sabia que el multicolor existía, si me lo llegan a decir antes… je!.

Ahora elijo los colores con los que quiero pensar, a mi antojo, cuando quiero y como quiero. Doy mil besos y mil gracias a mi prodigiosa mente que me salvó de mi misma y que nunca deja de sorprenderme y que así sea por los siglos de los siglos.

Ya no sufro por amor

"No es amor que tu pareja absorba la mayor parte de tu vida, que por ella te distancies de amigos o familiares, pospongas tu satisfacción o tu realización o descuides tus responsabilidades.

No es amor sufrir de celos y angustia. No es amor temer a cada momento la pérdida de alguien a quien consideramos la fuente primordial de nuestra seguridad, tranquilidad y bienestar.

No es amor la total incontrolabilidad de las más intensas emociones ligadas a una persona que objetivamente no tiene mérito alguno o no el suficente para justificar la entrega incondicional.

No es amor convertir a otra persona en la pantalla en la que proyectamos la película que nos hemos montado en la cabeza, no es amor adjudicar virtudes que no existen y elimnar defectos.

No es amor la posesión.

El amor sano y constructivo no acepta ni exige una absorción por el otro, sino que espera compartir experiencias que amplíen las posibilidades de desarrollo personal: no idealiza ni acepta incondicionalmente, sino que pretende una relación de mutua ayuda y ajuste; no espera pasivamente, sino que indaga y explora; no provoca dolor ni incertidumbre, sino una ratificación de la alegría de vivir; no es accidental ni incontrolable, sino construible y mejorable.

Se integra, no se entrega.

Cuando realmente se ama, el otro no es imprescindible aunque sí muy importante; se puede existir sin él pero se prefiere hacelo junto a él"

LUCIA ETXEBARRIA