30 dic 2007

Despójame

No hagas caso de mis palabras. No las oigas porque no dicen la verdad, yo misma soy esclava de ellas.
No leas mis ojos por favor, no son nada, son letras amontonadas sin razón.
No intentes descifrar los movimientos de mis labios, mis gestos, porque te perderás en un fantástico engaño del que no sabrás salir.
No apliques el estudio del lenguaje corporal en mis manos, mis hombros, mis caderas. Sólo te hundirás más en las arenas movedizas de mi teatro ambulante.
No soy más que una máscara apolillada, un ninot de aficionado que en nada se asemeja a mi verdad. Una careta de feria, la de la bruja con nariz grande y verruga o la del político pinocho de turno.

Junta tus manos, húndelas en mi pecho, atraviesa mi piel y ábreme en canal. Despójame de este cutre disfraz que me pesa hasta hacerme morir en vida. Mira en mi centro y descubre mi verdad, mi luz que no ciega pero que impregna, que no quema pero que no te permitirá pasar frío nunca jamás.

Libérame de este uniforme de cadenas y descubre lo que ni yo misma vi nunca de mí, lo que me siento incapaz de alcanzar disminuida de rincones en los que seguir barriendo la caspa que enturbia mi vida.
No temas por los demonios, desaparecieron hace mucho hastiados de tanta reposición barata.

Ahora que las luciérnagas interinas iluminan los árboles a costa de los presupuestos municipales, tan falsas y mentirosas como yo, mi rostro de cera se derrite ante tanta destrucción de la verdad.

Las sombras me engulleron y sin tus manos no sé desnudarme.

24 dic 2007

Abril


Y en pleno diciembre llega Abril para darnos calorcito al corazón.
Y llega riendo, la muy cuca. Será por el alivio después de tanto esfuerzo porque le costó mucho salir de su mama, y su mama aguantó como una campeona.
Y ya está aquí, con su carita hinchada de nomito travieso, su sonrisita de medio lao y todos los miembros de su clan babeando a su alrededor.
¡Feliz llegada muñequita! Estoy deseando cogerte en brazos.

15 dic 2007

Marmelada

El mar burbujea espumando su ira a cada salto de olas que se encuentran. Parece que el magma de la tierra saliera a superficie con la intención de calentar el enorme puchero para hacerse un guiso de marineros despistados al jugo de miedo batido.

Yo salto a cada encuentro de las lenguas de agua como esos troncos muertos a la deriva. La espuma, tan bonita, tan suave y dulce, me niega la vida impidiéndome respirar. Me agarro fuerte como puedo a no se donde, pero mis manos pequeñas y blandas no son los suficientemente fuertes para evitar que mi cuerpo sea engullido por las olas.

Mi cuerpo zarandeado como una pandereta tiembla sin parar, porque este infernal mar se enreda en mis piernas impidiéndome mantener el equilibrio, me rodea, me succiona y el agua y la espuma se cuelan por los resquicios de mi cuerpo. Los oídos taponados, llenos de líquido, me hacen creer que alguien me llama pero yo sé que estoy sola. Hace mucho que estoy sola y seguramente todos los demás ya estarán muertos o luchando por un poquito de aire a intervalos igual que yo.

Empiezo a recordar pasajes de mi vida, no se si por seguir la corriente a las historias de pre-muerte que leí o porque mi mente lo encuentra oportuno para aliviar la tensión del miedo a morir.

Ahí estaban los juegos en la calle con los niños del barrio; las excursiones al campo con la familia los domingos; los sábados de cine y pipas; las discotecas, el alcohol, los porros y los chicos; las parejas unas detrás de otras sin mucho acierto; los viajes aventureros…

Y pienso que no está demasiado mal así que suelto las manos del agarre y decido abandonarme y no luchar más. Me dejo vibrar por el mar a borbotones, que alivie mi tensión, que me cubra y me posea y que este agua caliente se quede conmigo para siempre para así pod..


- ¿Señora? ¿Señora? ¡¿Oiga?!

- ¿Si? (digo quitándome los tapones de los oídos)

- Lo siento pero vamos a cerrar ya. Tiene que salir del Jacuzzi.

- Ah, si, si. Claro. Por supuesto. Gracias.

Matar a un perro de hambre ¿arte? Que hijo de puta

Guillermo Vargas Habacuc es un costarricense que dice ser artista. El pasado mes de agosto hizo una exposición en una galería de Managua (Nicaragua); cazó a un perro callejero, lo ató con una corta cuerda a una de las paredes del local y lo dejó morir de hambre y sed. Según él, ese acto de cobarde sadismo es arte. Ahora este torturador ha sido invitado a participar en 2008 en la prestigiosa Bienal Centroamericana de Honduras. Hay una campaña internacional de recogida de firmas para pedir que se revoque esa invitación.
Puedes firmar en este link > www.petitiononline.com/13031953/ y, por favor, difunde el mensaje entre todos tus conocidos.

11 dic 2007

Porque si tú me quisieras...


Porque si tú me quisieras
yo sabría que la vida me ofrecía un regalo.

Cada vez que paso por tu tienda y me paro,
pego la nariz al cristal y te observo maravillada.
¡Si, es este, es este el que yo quiero!
Un escaparate abollado por los desusos y malos usos
de las pobres invidentes que te confundieron
con una ventanilla de quejas.

Y cierro los ojos
y beso el frío vidrio que se calienta al instante.
Dejo marcados mis labios
con la esperanza de que los veas
cuando, distraído o aburrido
te decidas a reparar el vandalismo de las ciegas.


Porque si tú me quisieras
yo sería el roble frondoso que te cobijara.

Y es que a tu paso
la naturaleza, que huele tu pureza,
pide a gritos instalarse en tu camino
como si fuera una alameda
que embellece, delimita, y protege los senderos.
Tu vereda.


Porque si tú me quisieras
yo sabría que la vida me premiaba,

no por mis sufrimientos,
ni por la dureza de mis tiempos,
ni por mi infancia imperfecta,
eso lo vivió cualquiera.

Me galardonaría por tener la visión correcta,
por saber ver que no eres
uno mas que deambula por la vida,
por ver que tu paso deja huella,
que por donde tu pisas la hierba crece fresca y fuerte,
que los árboles no sienten pereza
en estrujar su sabia para alimentar su hermosura
para conseguir que tu mirada se posé en su corteza.


Que tú clamas a la vida y la vida te atrapa y no te deja,
porque la esencia humana se refleja
en tu mirada de buen hombre, en tu dulzura,
en tu saber estar,
en tu natural presencia,
en tu flexible amar a los demás,
y en esa nube que te rodea
y que me deja extasiada
y me pone la cara de pimpinela.


Porque mi alma se relaja,
mis músculos se relajan,
mi ser al completo se siente reconfortado
en tu presencia
real o inventada.

Porque sé que mi corazón tiene mella
y que,
esa oquedad que escueza a ratos
en la soledad de la noche,
encuentra su molde en el hueco de tu pecho.
Son dos fichas del mismo puzzle
que llevan siglos de aquí para allá disimulando su tristeza,
viendo mundo y creciendo,
aprendiendo y diciendo
“la soledad no me pesa”
pero que al encontrarse y mirarse,
cara a cara,
hueco a hueco,
se reconocen como complementarios
y ya
ningún viaje es lo mismo,
ninguna lección sabe igual,
ninguna frase tiene el mismo sentido.


Porque si tú me quisieras
cerraría los ojos a la cordura
junto a los tuyos
y nunca mas querría levantar cabeza.


Si tú quisieras sacudir tu sendero
como si de una verde alfombra se tratara
y plantarlo junto al mío en paralelo ….


Porque sin verte veo tierra, huelo aire,
oigo la puerta del horno de la abuela.
Eres centro y vértice de la primigenia

Eres el siempre, la respuesta,
la verdad sin razón, la inconsciencia,
el libro de mi vida escrito con tinta antigua
pero que huele a nueva.

Y tú ves galletas en mis letras
Y yo, cuando te pienso
veo empanadillas de hojaldre
al calor de la chimenea;
un palito con el que jugar con los rescoldos
la lectura de un poema
la música como manta
en la mano una copa de licor
y un respirar hondo, como del que llega a su meta.

Siento barro cocido bajo mis pies
Siento madera en mis paredes
Siento pizarra en mi techo
Siento que todo está como era.

Porque no eres un príncipe,
No eres un mago
No eres un dios
No eres perfecto
No eres un santo varón.

Sólo eres tú.


Si tú quisieras sacudir tu sendero
como si de una verde alfombra se tratara
y plantarlo junto al mío en paralelo ….

8 dic 2007

Amor eventual a ritmo de Jazz


Clic en el despertador, bostezo, caricia al perro,
babuchas, cisterna, ducha,
cremas, pelo, labios, ropa,
mochila, puerta,
llaves (doble vuelta por si acaso) y…

Pausa en el rellano. Empieza a sonar una canción Jazz-Funky que resucitaría a los muertos.
Pisa el primer escalón de bajada y ya su paso no es cualquiera. La música le marca el ritmo. Las trompetas, el clarinete, la voz de esa negra que pone los pelos de punta.

Camina al son de la canción y nota como sus caderas se mueven en perfecta sincronización. Su paso firme y rítmico da sentido al contoneo de su culo que grita por la calle su orgullo. Sus pechos botan con gracia y definen las notas de una percusión trepidante que la elevan a un estado por encima de los demás mortales que se cruzan en su camino. Se siente sensual, bailarina enmascarada y diosa de la armonía.

Le hace recordar escenas de la noche anterior. La mirada expresando ese placer que ni siquiera los gemidos son capaces de alcanzar. Unos labios mordidos con insistencia, la mano que agarra el cuello, un gesto cargado de dulzura al retirar el pelo mojado por el sudor que queda pegado en su cara, unas palabras de aliento entrecortado susurradas al oído.
Añora a su amante eventual porque el ritmo de jazz le recuerdan al rimo de la pelvis de él sobre ella, bajo ella, tras ella…
Bendito amor eventual que le trajo la paz a su corazón, la sonrisa al alma y la libertad a su cuerpo.

Nadie la mira, nadie la ve porque va disfrazada de normalidad en su atuendo marrón neutro, en sus botas bajas negro invisible, en su pelo mojado, en su cara sin adornos.
Nadie huele su ritmo ni su magia porque nadie oye su música, nadie sabe que no anda anónima, que ella baila por la ciudad con un cimbreo de caña flexible, sensible a los elementos. Y es que ella no tiene las dimensiones adecuadas ni la altura correcta.
Y mejor será así porque pobres de los incautos que quitasen su venda en los ojos y la vieran pasar. Sufrirían quemaduras de tercer grado si adivinaran la antorcha humana que pasa por su lado sigilosamente.
No tendrían tiempo ni de un ¡ay! Antes de entrar en ignición.

Esos pantalones vaqueros ajustados como un guante de látex dan una dimensión, un momento sublime a sus caderazas en plena marcha rítmica y el roce de esas costuras rudas le hacen sentir un deseo y una fiebre entre las piernas que le hacen entrecerrar los ojos y abrir sólo un poco los labios para esbozar una sonrisa.
Una frase con tono premonitorio se intercala en sus pensamientos “Hay personas que necesitan música de Jazz para desnudarse”

Interrumpe su danza un hombre que surge de la marea humana y la arranca del anonimato. La mira y sonríe de medio lado y con suavidad, acerca sus manos para quitarle los auriculares.


- Hola

- Hola

- Te conozco

- ¿Si? No lo creo. No te recuerdo

- No creo en tu mala memoria ¿Quieres que follemos al ritmo de tu música?

- ¿Qué? ¿Por qué?

- Porque tienes lo que yo busco

- ¿Y qué es eso que buscas?

- Fantasía, una media sonrisa de niña pícara y unas buenas tetas.

- ¿En tu casa o en la mía?

- Mejor me enseñas tu guarida.

- Ayer fue la casualidad. Hoy te acompaña la suerte

6 dic 2007

¿Sueño, realidad o universo paralelo?


Como siempre al despertar, sin aún haber abierto los ojos, sintió ese crujido de ramita rota dentro de su cabeza; esa señal que ella interpretaba como una pobre neurona más muerta en combate, en la lucha por anunciar la verdad que su mente le gritaba en sueños y que su conciencia se empeñaba en ignorar.

Abrió primero sus oídos y oyó cantar al cuco. Ese canto siempre le recordaba las acampadas de adolescente. Despertar dentro de una tienda en un cutre-camping; el olor a pino, la leche condensada al lado de los calcetines y de las colillas de porros, el sonido del mar, la aventura emocional de cada día…
Abrió después los ojillos pegaditos de tantas horas de sueño. No se ve con mucha claridad después de dormir ¿12 horas?, quién sabe. Parpadeó varias veces. Sus ojos estaban secos y necesitaba llamar a sus lágrimas para que permitieran que la luz no fuera tan dolorosa.

Había algo que no cuadraba, algo era distinto pero aún su mente estaba reparando la rotura y no había una comunicación ojo-mente muy fluida.
Encogió su cuerpecillo delgaducho y frágil para despacito sentarse al filo de la cama y que el fresco de la mañana le despejara la mente.

Posó sus pies sobre la alfombra.
No era el tacto de siempre. Era fresco, humedo, suave… natural.
Parpadeo cuatro ó cinco veces mas, rápidamente, apremiando ver qué estaba pisando.

La sorpresa fue desconcertante. ¡¿Tenía los pies posados sobre hierba?! Hierba fresca, llena de rocío mañanero. ¿Su cuarto se había convertido en un prado? Tenía la mente aún demasiado atontada como para asustarse. Sentía ese bloqueo en el que no puedes pensar, en el que sólo dejas fluir la información por tu mente y, como mucho, sólo aciertas a construir alguna pregunta aislada: “¿Qué? ¿eh? ¿Pero… qué?”

Se levantó y notó como el suelo era blandito y mullido, la tierra se amoldaba a su peso debajo del follaje. Comprendió el olor a verano que había sentido al oír al cuco.

“¿Pero si vivo en un pobre y triste piso en medio de la ciudad? ¿o no?”

Comenzó a darse cuenta de que no era lo único distinto. Por lo pronto la hierba no era verde, era azul añil, casi morado. Era extraño pero tan precioso que no podía llegar a asustarse porque estaba realmente maravillada con la belleza de la vista de su suelo.
Y al observar la habitación con intención vio que las paredes eran de color rosa. De un rosa chicle desigual, difuminado con pequeñas brumas de naranja. ¿Pero…? ¿Qué…?

No eran así antes de acostarse. Eran blancas, muy sosas y muy blancas y por eso mismo estaban llenas de objetos que se afanó en poner por doquier para no verlas.
Entre la cómoda, el armario y los cuadros empezó a distinguir la verdadera naturaleza del color de los muros. ¡No estaban! ¡Habían desaparecido y lo que veía era un cielo rosáceo con nubes anaranjadas!

Eso si le dio miedo y vértigo ¿Dónde estoy? ¿Estoy soñando? ¿Voy a caer en picado? ¿Dónde están los demás edificios? ¿Estoy en la cima de un abismo? ¿Estoy en un universo paralelo? ¡Es esa película que ví, si, es esa película!
La sensación era desbordante, una rueda giraba en su cabeza sin encontrar el freno de siempre.

Se sentó en la hierba mojada que empapó su pijama, agarró un puñado de brizna con las manos y la arrancó para restregársela por la cara y que el frescor aliviara la sensación de náusea.
No entendió en aquel documental el concepto de universo paralelo y ahora estaba perdida ante la realidad que sus ojos le mostraban. No podía poner en orden esas imágenes, se parecían demasiado a un negativo de la realidad. ¡Los colores del revés!

Los colores eran demasiado importantes en su vida como para asimilar fácilmente que todos no fuera como antes. Siempre le influyeron y marcaron de forma exagerada. Pocas veces se atrevió a exteriorizar a nadie el horror que le daba el verde o el mareo que le producía el amarillo, la excitación del añil o el amor del violeta.

Siempre fue “rarita” y desde muy pronto le hicieron saber que eso no te hacía ser querida, así que hablaba con la televisión cuando su habitáculo mental de los sueños estaba lleno y la puerta amenazaba con explotar. Cuando ya no podía callar más, cuando ya no soportaba más el silencio hablaba con la locutora del telediario o con el león del documental. Les contaba su día a día, sus rarezas, sus dolores y sus pasiones.

Intentó tragar saliva, se dio tortazos en la cara para despertar, se apretó las manos clavándose las uñas para que el dolor la arrebatara de esa realidad desconocida.
No, estaba claro que era real. Tenía miedo de moverse del suelo porque este ya no le parecía tan firme. ¿Qué sujetaba sus cuadros si no había paredes? Quizá la transformación se debiera a su obsesión en acumular óleos y fotografías que le introdujeran el exterior en el interior de su habitación.
¿Sus cuadros tenían la culpa? No, ¡que tontería! No acertaba a poner en pié ninguna explicación lógica. Sólo era una idea tonta fruto del desconcierto. Esto era demasiado gordo como para hacerlo una inocente afición.

¿Y si se había vuelto loca? Eso sí era una posibilidad anunciada. Demasiados pensamientos en cadena dando vueltas sin fin en el laberinto de su masa encefálica, demasiadas horas hurgando en su mente, demasiados años sin encontrar respuestas y sin parar de hacer preguntas, demasiados colores chirriantes, demasiadas ramitas rotas día tras día…
Entonces, quizá ya no percibía la realidad de antes, quizá estaba sola, o quizá alguien la miraba o le hablaba sin que ella lo viera porque ya había pasado al otro lado.

¿Seguía siendo ella misma real?
Se paró en seco al pensar que aún no se había mirado con detenimiento, no había reparado en si ella seguía igual o no, si su piel, su cara, sus ojos, seguían siendo los de la noche anterior.

Tenía miedo, mucho miedo.

Si su mente se había descontrolado, si había traspasado la barrera de la razón, esa que tanto temió durante tanto tiempo le aterraba pensar en qué se habría convertido la imagen, pobre y desproporcionadamente negativa, que ya tenía de sí misma.
¿Sería un monstruo deforme y terrible imagen de las sufrientes vivencias sin curar de su vida? ¿Estaría entera? ¿Habrían desaparecido partes de si misma y cómo debería interpretarlo? Estaba muy confusa.

¿Y si no miraba? “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Un buen refrán que aprendió tiempo atrás, cuando decidió dejar de saber quién le traicionaba, quién le mentía o quién le utilizaba como bufón. Era mejor no saber y decidir que la realidad era como el juego del cu-cu de los bebés. Si te tapas los ojos y no ves a los demás ellos tampoco te verán a ti.

Se levantó de un salto. Fue un impulso, instintivo a un estímulo que no acertó a localizar. Su espalda se estremeció con una ráfaga de viento que le meció el pelo. Giró sobre sí misma y miró la puerta de su habitación.

Allí estaba, suspendida en el aire.
Sentía una llamada que no eran unos nudillos en la madera ni una voz al otro lado. Sólo era una llamada. La observó y vio que no era la misma puerta marrón, cutre, con corazón de cartón y aspecto de pobre imitación a madera. Ahora era una puerta blanca pura, firme, sólida, maciza, señorial. Era una puerta que le llamaba y le decía quién estaba detrás de ella en esa llamada secreta que ni ella misma podría describir.

Sintió miedo, emoción, alegría, y nada de esa maraña de sentimientos la hacía frenar su deslizar hacia la puerta.

Si, ya no andaba, se deslizaba suavemente sobre la hierba morada, a ras de ella, sintiendo como le hacia cosquillas en la planta de sus pies destrozados por el uso, llenos de callos, durezas, heridas mal curadas de una vida intensa.
Porque otra de sus rarezas era la decisión de no usar máquina alguna que la transportara que no fueran sus pies, por muy lejos que fuera su destino. Decía a todo aquel que le preguntaba que no le gustaban las prótesis. Se sentía mejor tal cuál nació o le conformo el andar por su vida. No usaba tampoco gafas a pesar de su miopía de 6 dioptrías y sin embargo, se desenvolvía con soltura a golpe de intuición. Se decía a sí misma que la vida era más bella desde sus ojos filtrados.
Así que ahora era un placer el poder hacer descansar sus maltratados pies y sentir como algo suave y fresco se dejaba arrastrar bajo ellos.

Un imán implacable la arrastraba y sentía un millón de vectores tirando de ella. Le hizo rememorar las interminables clases de física en el instituto que nunca consiguió entender por que nunca imaginó su sentido útil. Ahora lo vivía en su cuerpo.

Sabía quién estaba tras la puerta, sentía el olor, las sensaciones de contradicción, amor, desconcierto, miedo, añoranza, perplejidad, estremecimiento, vacío, soledad, culpabilidad, reproche… locura.

¿Significaba que estaba muerta?
¿Era mejor que estar loca?
No lo sabía, no podía ni quería pensar

La mano, pequeña, delicada, casi de niña se elevó y sin que su mente lo ordenara agarro el pomo y empezó a abrir. Empezó a sonar una seguidilla “A la puerta de un rico avariento….”
No había duda de quién era, nunca hubo dudas.

Mientras la puerta se abría a cámara lenta un cuervo blanco atravesaba el cielo rosanaranja, anunciando con su graznido que la verdad estaba cerca.

Una pequeñita lágrima se asomó al balcón de sus negras y brillantes pestañas. No quiso caer del todo, no quiso hacerla parpadear.

Y así, ante la emoción, el desconcierto y el tiempo en suspenso, volvieron a penetrar en sus oídos las palabras de siempre.

"No sabes la alegría que me da verte, cariño, mio. No lo sabes bien"

4 dic 2007

Beso en sueños

Anoche soñé con un beso.

Lo recordé al ver esos personajes de esa serie de esa cadena.
Se despedían, quizá para siempre, con un beso cargado de lentitud.

Yo también sentí ese beso, anoche, en sueños.
Sentí esos labios pegados a los míos, la piel fina y suave del otro, con eso pliegues que hace que una corriente alterne entre mi cerebro y mis zonas erógenas.
Sentí la suavidad que ni el mejor terciopelo puede imitar, la calidez, la humedad. Viví el dulce y tórrido aliento del otro, los dientes pulidos, la saliva perfecta. Las lenguas resbalando entre sí en una lucha grecorromana de músculos juguetones, el roce de la piel de mi nariz contra su mejilla, la suya contra la mía. Incluso sentí como sus pestañas me hacían cosquillas.

No lo vi, no se quién es, no se nada mas.
Sólo quedó impregnado en mis sentidos aquel beso de sueño.

2 dic 2007

El otro día te ví

El otro día te vi.

Yo estaba en la parada, frente al centro comercial. Me venía bien tomar ese autobús que llegaba pero pensé que iba demasiado lleno y decidí esperar sentada el siguiente. Estaba demasiado cansada como para ir de pie, apretujada, guardando el equilibrio.

Entonces te ví en el autobús, de pie, agarrado a la barra.
Te ví entre la gente y pensé si montarme para decirte: ¡Te conozco. Te he visto en la página de contactos, te he escrito... pero nunca has contestado! (por supuesto, lo entiendo. Para gustos colores).
Luego pensé que mejor me quedaba allí observándote, que seguramente si me metía en el bus me moriría de vergüenza y no te diría nada, o bien, que si superaba mi miedo y acertaba a balbucear algo podrías mirarme como a una chiflada o darme la espalda. Si, era mejor quedarme sentada en la parada del bus observándote. Cobarde pero seguro.

Tú me miraste, creo. ¿Me mirabas a mi o era a la masa informe de cabezas que se apiñaban frente a tí?. No, me mirabas a mí. Me miraste y remiraste porque no estabas seguro de que pudiesen estar clavandote la mirada fijamente. Cuando te cercioraste de que eras mi objetivo te volviste tímido, no sabias que hacer con los ojos. Me descartaste de tu punto de mira como descartas mi mails una y otra vez.

Me gustaste; interesante, inteligente, alto, cuidado, con carita de cansado pero...¿quién coño no tiene cara de cansado un día cualquiera a las 8 y media de la tarde?
Todos los días una maratón, todos los días se pierden minutos, horas, por no se sabe dónde. Van cayendo y no se recuperan más, nunca mas. No vuelven y caen los músculos de la cara, crecen las bolsas de los ojos, se pliega estreñida la piel. En fin, puta vida torbellino que, para bien, nos obliga a mirar a los ojos para descubrir la verdad del que tenemos enfrente, para jugar a las adivinanzas con los que nos cruzamos a diario. ¿Tiene cara de: buena gente, tontorrón, sabio, estúpido, buen follador..? Agudizando la intuición.

Yo intuyo muchas cosas por tu anuncio, por tus letras, tu foto... y ahora, después de verte anónimo entre la marea, se casi todo de ti.
Se que no te cruzaras conmigo, en esta vida por lo menos, pero que llevas mi imagen impresa en tu memoria, que vendrá de vez en cuando y que, a pesar de no ser tu destino, siempre te provocará preguntas.

Yo tampoco quiero conocerte. Ahora que lo sé todo sobre ti se que eres igual que otros muchos. Maravillosamente imantado pero con "ese no se qué" que me provoca alergia, me hace salir de mi y convertirme en un trozo de carne sin cerebro. De esos que sacan todo lo peor que hay en mi, y con los que acabo llorando a borbotones con una niña que se perdió en medio del bosque.

Pero seguiré provocándote preguntas y más preguntas sobre ti mismo. Esas preguntas que no te gustan porque nacen solas.