Golpeo las teclas de este libro tieso, pero no quiero escribir. Quiero tocar el piano y que mi música me secuestre y me arranque de mi misma.
Estas sensaciones que me agraden a patada limpia dentro del pecho no saben hablar. Nadie les enseñó.
Por eso no hay palabras, solo la vibración, el estrangulamiento, el lagrimar como testículo de adolescente y el frío en el cuello sin mano que lo reconforte.