Escuchando esta canción recuerdo la arena en mi culo embadurnado mientras me follabas. No te veía bien porque el sol me daba de cara. Eras cualquiera, alguien a contraluz. Te veía a ti, imaginaba a otro.
Mientras gemía con los ojos casi cerrados veía aquella gran tortuga muerta en la orilla y pensaba que su espíritu longevo y errante penetraba en tu polla para sembrar mi copa de ancestral sabiduría.
El agua se acercaba poco a poco a mis pies en vaivén.
Tú no te enterabas de nada. El primitivo deseo siempre cerraba tu mente a cualquier otro estímulo que no fuera tu pene duro y ansioso.
Yo me dejaba volar y esperaba que llegara Dios, ese que cubre mi cuerpo de blanco y que me hace acariciar la no mente cuando llego al orgasmo, el vacío absoluto y que pienso fue el origen de la meditación.
Llegó mi orgasmo y volví a rozar el blanco por unos instantes.