30 jul 2009

Cabeza sin nada

Como una inválida
en la cama moviendo
las neuronas y entumeciendo
las entrañas

El sol sigue su círculo una y otra vez
y yo sigo su sombra apenas moviendo el cuello
mientras mis historias solo transcurren en una noche perpetua

Ya no se si tengo piernas
o si me convertí en una cabeza
sin nada
flotante sobre la almohada

22 jul 2009

Lluvia ácida

Las ramas del árbol cantaban canciones rusas y es que la lluvia ácida es una buena percusionista de corteza de roble.
Noté como alguna gota calaba mi piel atravesando tejidos, tendones, venas hasta descubrir pequeños círculos de pulcro hueso de color blanco roto. Las noté como un cosquilleo, como un crujir.
Sin embargo otras no se sentían en absoluto, era necesario perseguirlas con la mirada para ver por donde actuaban.
Abrace una mano a otra y un brazo tiró del otro mientras hinchaba de aire mis carrillos en un intento de reparar tanto agujero pero, si mas se cerraban, mas se abrían, y es que aquella lluvia estaba demasiado enfadada.
Era hora de correr hacia la casa y salir del refugio poco útil del roble.
Por el camino me esponjé y cuando atravesé el umbral era toda trozos de yo cubierta y yo sin cubrir.
Al mirarme en el espejo de la entrada observé mi media cara en canina y media no. No paraba de verme de uno y otro perfil y, la verdad, no sabría decir cual me gustaba más. Las dos mitades tenían su aquel. “Dos puntos de vistas distintos pero igualmente interesantes”.

Oí los sollozos de Trampy, mi amigo espantapájaros que ya llevaba tiempo compartiendo mi enorme y desolado hogar.

-- ¿Qué ocurre, Trampy, querido?

- Tengo mucho miedo a está lluvia asesina. ¡Mira lo que te ha hecho a ti! ¡Que no hará con mi frágil y blando cuerpo de papel!

-- ¡Oh!, querido Trampy, no tengas miedo, aquí estamos a salvo Podemos estar mucho tiempo encerrados esperando que escampe y no nos faltará de nada. Mira, ayer traje un montón de periódicos, usados, como a ti te gustan, para tus rellenos. Y por mi no te preocupes, ya me regeneraré y si no es así, no se, puede que tenga sus ventajas. ¿Verdad que si, cariño, verdad que si?

Ahuequé su carita blanda borrando ese gesto temeroso y devolviéndole su tierna redondez. Luego encendí un fuego de piñas dulces que al poco empezó a desprender ese maravilloso olor a canela grana que combinaba tan bien con los cantos de los robles.

-- ¿Me das un trozo de tu pelo, Trampy? Me apetece leer un rato.

- Claro amiga mía, Eso me traerá calma.

-- Eso es, todo está mejor en calma.

Una sonrisa dulce y serena se dibujo en mi lado carnoso de la cara mientras Trampy se acurrucaba a mis pies esperando el sonido de mis palabras.

La Frontera

Aquella mañana cuando despertó de su sueño programado de cinco horas y cuarenta minutos el transportador no funcionaba. Eso la hizo sospechar. Y no era lo único que no respondía, Las ventanas virtuales no se abrían por mucho que intentó accionarlas. Si, podría ser un fallo técnico pero el no poder comunicarse con nadie para ver si otros sufrían el mismo contratiempo la alejaba de esa idea. Solo era un nivel 7 y los humanos concebidos para ese nivel tenían estrictas limitaciones y una de ellas era la comunicación con otros sin permiso previo.
Pasó el día tumbada observando la cúpula de su cuarto, que proyectaba la luz diurna habitual versión primavera e intentó dejar su mente en blanco para no sucumbir a pensamientos desastrosos. Sabía que estaba prohibido pero se sentía aislada y triste, y el no pensar era lo único que se le ocurría para no pasar demasiado la frontera permitida.

De pronto también la cúpula se desactivo. No pasó a la noche de verano de siempre si no que una profunda oscuridad la envolvió, Los dientes le temblaban. Aquello era un mal presagio. A tientas cogió un antiguo diario electrónico que le había vendido un nivel 9 de forma clandestina y empezó a teclear.

Un viento calido y fuerte salía de la pared que había a su espalda hacia el agujero de gusano que adivinaba frente a si. Podía sentir como sus cosas, sus muebles, eran desplazados, engullidos por esa nada. Oía como cada objeto se arremolinaba en espiral emitiendo un zumbido con el que parecían despedirse de ella mientras volaban a su alrededor.

Desde el fondo del vacío una voz metálica la hizo temblar.

“¡Mírame! Estoy aquí congelado en el tiempo, esperando. Nada en mi avanza ni retrocede. Nada en mi se mueve, nada escapa de mi estatismo.
¡Mírame! ¿Crees que el tiempo hará mella en mí? ¡Por miles de años puedo estar aquí! En la nada, esperando tu mirada.
Sabes que no podrás resistir. Ya pasaste la frontera”

Era la voz del Paralelo. Era la primera vez que la escuchaba pero había oído tanto hablar de él en las historias de miedo que contaban de noche en el Nido 7 que no le cupo la menor duda.

Alzó una mano sin levantar la vista de su diario y del remolino caliente cazó un bote cilíndrico de un antiquísimo plástico que adquirió en otra ocasión y que contenía unos trozos de sustancias sólidas de colores que nunca pudo averiguar que utilidad tuvieron en un pasado lejano. En vista de que todos sus secretos salían a la luz no tuvo miedo al lanzarlo contra él con rabia. Fue un arrebato inútil, lo sabía, así que siguió dejando constancia de todo. No quería quedar en el olvido. Aunque realmente sabía que era muy improbable que alguien lo leyera si sucumbía.

Sintió un tirón de las sábanas que la cubrían. Quiso agarrarlas pero no podía dejar de escribir. A las sabanas siguió el camastro, hasta que acabó suspendida en el aire flotando mientras sus dedos no cesaban.

El viento cada vez más fuerte, arremolinaba el pelo en su cara. “Un último registro mas”. Quizá ya estaba todo lo que podía decir. Quizá el Paralelo tenía razón. Quizá debía dejar de resistirse.

Con un suspiro profundo relajó sus manos, las deslizó por el teclado y alzando la mirada se dejó arrastrar.


A la mañana siguiente los vecinos llamaron alarmados. Alguien había tirado lo que parecía todo el contenido de un dormitorio por la ventana.
Cuando la policía tiró la puerta encontró el cuerpo sin vida de una joven de aspecto famélico. Cómo único mobiliario había un portátil en el suelo con un documento de texto abierto.

Durante 198 líneas se repetía:
“Para qué resistirme. Ya pasé la frontera”

El resultado de la autopsia, según escueta reseña del diario local, revelaba como causa de la muerte sobredosis por ingestión de la nueva droga de moda, unas pastillas multicolor denominadas Nivel 7

11 jul 2009

Y no es mi boca...

Mis labios se inflaman al calor del recuerdo de los tuyos
Y en la añoranza me hago bizcocho,
dulce, suave, turgente
anhelando tus mordiscos.

Miedo

El miedo a decir
a escuchar

El miedo a mirar
a ser visto

Miedo a errar, a sentir
a amar

a la propia carne
a los sueños
a la verdad
al asao, al así

miedo a la Muerte
y sobre todo a la Vida

Yo te hago libre, Miedo
Suelto las amarras que te atán a mi
y te dejo flotar en este charco de vida

Parto hacia el océano de mi existencia
calmo o tormentoso
gris o azulverdoso
ya no es relevante.

Parto, viejo enemigo
y te dejo a la espera
macerando en tu caldo negro
Otros vendrán a varar en tu embarcadero

Yo no volveré jamás.

7 jul 2009

Contigo

A veces pienso en fumarme un porro
Contigo
El porro de las sensaciones
Solo oídos, piel, olfato, gusto
Sin ojos
Contigo
Cuerpo de cartón
Y corazón palpitando en el aire

A veces deseo fumarme un porro
Contigo
El porro de la sensualidad
Solo manos, suspiros, saliva, aliento
Sin palabras
Contigo
Carne en flor
Y la pasión rompiendo el silencio.

A veces espero fumarme un porro
Contigo
El porro de la verdad
Solo esencia, centro, conocimiento, compasión
Sin ego
Contigo
Alma blanca
Y la mente diluyéndose en el tiempo.

Pensando, deseando, esperando.
Sin ojos, Sin palabras, Sin ego
Pero siempre
Solo
Contigo

6 jul 2009

Muñeca

Con un peso de 225kg llevaba postrada en la cama 5 años. La sensación de estar enclaustrada en un cuerpo que sentía no le pertenecía era lo mas devastador de su situación. Conocía otros “encantadores monstruos”, como ella los llamaba, que pesaban lo mismo o mas que ella. La webcam era su forma de comunicarse y de compartir penas y risas, que también las había, aunque siempre pensó que era una forma forzada de negar la realidad.
Un día, mientras hablaba con Lisa por videoconferencia, curioso nombre para una mujer de 298kg, sintió un picor insoportable en el abdomen. Haciendo un esfuerzo tremebundo se incorporó y empezó a arrascar una especie de costra que no alcanzaba a ver. Su amiga Lissa seguía observándola y preocupada por sus gestos le preguntaba insistentemente que le ocurría.
Arrasco y arrasco con todas sus fuerzas hasta que la postilla se levantó haciendo un sonido como de tampón comprimido. Oyó un silbido similar al de un globo deshinchándose. Y efectivamente eso es en lo que parecía convertirse su cuerpo. Se fue desinflando sonoramente mientras su amiga desquiciaba lloraba y gritaba viendo como Lola se convertía en una grotesca muñeca de goma vacía.
Lola, por otra parte, murió con una gran sonrisa al sentirse por fin liberada de si misma.

3 jul 2009

Mirarse a los ojos

¿Por qué es tan difícil mirarse a los ojos?
¿Por qué cuando se hace es a intervalos tan breves y tímidos, como si hiciéramos algo prohibido?
¿Qué da mas miedo, mirar o que te miren?
¿Es mas fuerte el miedo a ser descubierto como un voyeur de las entrañas del otro o quizá el miedo a la desnudez del alma propia?

Un combate de secretos con dos rivales cobardes que prefieren salir huyendo

1 jul 2009

Cagándose en los muertos de tó

Pasaba los días cagándose en los muertos de tó

Me cago en los muertos de hacienda
Me cago en los muertos del ventilador
Me cago en los muertos del gazpacho con hierbabuena
Me cago en los muertos de las ciudades sin playa
Me cago en los muertos de la humedad de los pueblos de playa
Me cago en los muertos del lavavajillas que no tengo
Me cago en los muertos del horario de verano de los autobuses
Me cago en los muertos de los programas de la tele
Me cago en los muertos de las motos que pasan por mi calle
Me cago en los muertos de las calles en obras
Me cago en los muertos del wifi

Y así parecía que el tiempo pasaba mas rápido