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25 ene 2008

Testón, un cabezón dulce e inocente


Testón, un pequeño cabezón con nervioso y largo rabo salió sin saber por qué de su guarida donde dulcemente vivía con millones de hermanos igual de cabezones e inocentes que él.

En un palpitar bombeante fue despedido por un túnel que desconocía. Le acompañaba un buen puñado de sus parientes. A algunos los conocía por su nombre, a otros ni siquiera recordaba haberlos visto nunca. En su pequeña mente de cabezón le vinieron a la frente dos palabras "Montaña Rusa". No sabía que significaba pero de alguna manera parecía describir los que estaba viviendo en esos momentos.

Tras un viaje rápido y atropellado llega al final del pasadizo hasta una caverna rosada y cálida. Cae de bruces desparramado contra la pared tubular. Nota su untuosidad, la agradable temperatura, la rugosidad de la superficie que le hace cosquillas en su cabezón sensible y tierno. Otra vez siente un impulso natural que no sabe de donde le nace y empieza a reptar con desenfreno. Mira atrás y ve como una jauría de millones de cabezones le siguen con ansia competitiva.

Testón afina su testa buscando una forma más aerodinámica y empieza a coletear como nunca pensó que pudiera hacerlo. Necesita llegar el primero. “Ganar” palabra que palpita en su ser y que le hace no sentir el cansancio ni el miedo a lo desconocido.

Llega a un pedúnculo rosado también, dulce y tierno, que se mueve insinuante, oscilante y que abre y cierra una pequeña abertura de forma irresistiblemente atractiva. Sube a él y entra de lleno. Sabe que lo conseguirá, siente que sigue siendo el primero, que puede ser el campeón.

El acceso da a una cueva oscura, muy oscura que palpita como con vida propia con paredes peligrosamente inundadas de algo que no acaba de entender. Otras dos palabras desconocidas nacen “Arenas movedizas”. Necesita seguir avanzando pero las fuerzas se le van quedando atrás a medida que el terreno fangoso le pone mas trampas, mas dificultades a su objetivo de llegar a esa meta que ni siquiera ve.

Su enorme, suave e inocente cabezón topa con algo, lo explora, lo rodea. Es redondo, delicado, con superficie lisa y fina. "Debe haber algún lugar por donde entrar, ¡debe haberlo!"

Desespera, no le quedan fuerzas. Mira un momento atrás y en la negrura cree ver los ya cadáveres de los que no consiguieron superar el fango, mientras con movimientos espasmódicos apurar sus últimos halos de vida.
No quiere morir ahora que por fin llegó, ahora que por fin sabe a que venia, ahora que descubre el sentido de su existencia. Se arrastra en círculos alrededor de esa preciosa esfera.

En unos segundos su cabeza deja de moverse mientras su colita cesa su vibrar lentamente. No puede creerlo pero es el fin. "¿No lo consigo? ¡No puedo creerlo!" Una última palabra parpadea en su mente de cabezón dulce e inocente, “Vida”, justo antes de morir en el intento.

5 ene 2008

Mi amigo Sol

El Sol despierta con movimiento lento, suave y alegre.
En un intenso desperezo extiende sus largos brazos de norte a sur, estirándose y con un exagerado bostezo abre un haz de luz inmenso dirigido hacía el infinito.

Primero limpia el cielo del hollín negro de la noche, come estrellitas de desayuno y la galleta luna para terminar.
Después se acerca a mi ventana. Yo se que me espía.
Con un ojo cerrado y otro no, mira por las rendijas de mi persiana. Me observa y decide que ya es hora de que me levante para lo que me manda un rayito dirigido a la oreja. Yo noto el calorcito pero el sueño no me deja, así que ni me muevo.

Él, que sigue mirando insistente esperando algún movimiento mio, se aburre y se desespera y con una mueca de enfado me manda un rayo potente que me da de lleno en la cara. La arrugo con una leve queja y me escondo sumergiéndome en la guarida de mi edredón desapareciendo de su vista.

Lanza un gruñido en forma de viento que golpea la persiana dos veces y decide imponerse por completo. Inunda la habitación de rayos que chocan de pared a pared, de mueble en mueble y que lo invaden todo.
Yo, con cara de malvada, abro los ojos debajo del edredón y río con disimulo tapándome la boca.

En un solo y rápido movimiento lanzo el edredón por los aires y de un salto ya estoy de pie dándole un susto de muerte. Nos miramos, nos guiñamos el ojo y nos partimos de risa.

Entonces levanto la persiana para que así consiga su objetivo que no es otro que llenarme la cara de besos calentitos.
Y es que mi amigo Sol siempre fue muy cariñoso conmigo.