1 ago. 2007

Mi prodigiosa mente o muerte al rojo chillón

Durante muchos años (desde que tengo conciencia de ser persona hasta hace unos tres años) mi mente pensaba en rojo.

Rojo, pero … rojo, rojo. Nada de ese rojo sangre oscuro bonito y elegante. No. Rojo chillón, de ese hortera y cateto, del rojo de los pendientes de plástico que venden en los chinos. Un rojo que ponía los vellos de punta. Agresivo, chirriante, estresante, hiriente, cortante. Mirarlo dolía tanto que hasta me escocia los ojos, por eso lloraba sin parar.

Era todo caos, ira, rencor, puro nervio y, claro, así no se puede vivir, por eso, la mente que es muy sabia y siempre tiene algún recurso para defenderse, me miraba de lejos, como si estuviera fuera de mi y me dejaba hacer, pero sin dejar de vigilarme. Yo creo que me miraba y decía: ¡mírala! ¡mira la tía el plan que tiene!. Déjala, déjala que ya se cansará.

Y que razón tenía. Me canse. Coño, pero me canse tanto que caí de boca y casi traspaso el suelo. Yo pensaba que me estaba volviendo loca, je!, y eso si que acojona, ¡pero mucho, mucho!

Me pasaban cosas raras, como por ejemplo, cuando miraba al cielo, si había nubes, me daba como una especie de claustrofobia. Parecía que las nubes estaban ahí, encima de mi cabeza agobiándome, o sentía que mi cerebro se hinchaba y se hinchaba como si fuera a explotar. Cosas de locos, lo que yo te diga.

Y fíjate tú que no era más que mi mente dándome de hostias por malvivir sin razón, por escoger el camino rojo en vez del multicolor. Veras, es que yo no sabia que el multicolor existía, si me lo llegan a decir antes… je!.

Ahora elijo los colores con los que quiero pensar, a mi antojo, cuando quiero y como quiero. Doy mil besos y mil gracias a mi prodigiosa mente que me salvó de mi misma y que nunca deja de sorprenderme y que así sea por los siglos de los siglos.

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