6 feb. 2008

Cazando estrellas


Como cada noche desde hacía más de un año salía de casa empeñado en cazar estrellas del cielo.

En invierno se ponía el gorro de lana hasta las orejas porque la noche en la sierra es fría de quebrar huesos. Se ponía sus guantes, una caza mariposas que modifico expresamente para su labor y sus magnificas aunque ya desgastadas botas de montaña.
Empezaba a andar por la vereda hacía la montaña que adornaba la ventana de su cocina. No necesitaba linterna ni brújula. Su intuición de hombre de campo le guiaba sin perderse.

Subía hasta la cima, miraba al cielo y las veía ahí arriba, preciosas, salpicando su techo negro y sentía como lo llamaban con su canto de sirenas de luz. Empezaba a dar bandazos como un loco a diestro y siniestro con su red sin éxito alguno. Si a caso cazaba mosquitos u otros pobres insectos en verano.
Sentía que perdía la razón, sentía que la soledad lo libraba de ser encerrado por sus vecinos si vieran la absurda obsesión que lo dominaba.

Se le pasaban el tiempo sin sentir y era el celeste temprano el que le decía que inexplicablemente habían pasado horas y horas desde que empezó a oír el canto de las estrellas.
Bajaba a su casa, y rendido caía en la cama tal cual. Ni siquiera se quitaba las botas. Una tristeza oscura y pastosa inundaba su alma y lo dejaba inmóvil encerrado en su habitación esperando que la noche llegara pronto de nuevo.

Llegó el verano y en todos lados anunciaban lluvia de estrellas. Él, con el corazón dando saltitos, pensó que por fin conseguiría cazar a una de sus preciadas estrellas mientras caía del cielo para así amarla por siempre colgada de su cuello.

En la cima de la montaña, alejado de todo destello artificial empezaron a surgir de los cuatro puntos cardinales un sin fin de estrellas fugaces. No era capaz de verlas todas, era imposible mirar a todos lados a la vez, Era una verdadera lluvia… pero en horizontal. Oyó como esas estrellas juguetonas de cola silbante se reían de él a carcajadas. Le decían que nunca sería capaz de alcanzar, ni siquiera rozar a una de ellas. Que solo había sido un divertido entretenimiento para sus hermanas sirenas.

Mucho antes de que el día llegara bajó a su casa. La tristeza negra se torno apatía para mudar en olvido. Entro por la puerta hasta su dormitorio, se desvistió y se acurruco bajo su edredón para dormir durante horas, placenteramente, como hacía mas de un año que no conseguía hacerlo.

En el quicio de la ventana de su cocina, a la intemperie, colgadas de una alcayata se quedaron de adorno por siempre sus viejas botas.

6 comentarios:

Ciro dijo...

Un cuento precioso,un final muy triste y unas botas...

De montañero profesional

Me alegras las mañanas mujer Diáfana.

Besos...en la luna

Gelbros J3 dijo...

Es que un desengaño a tiempo obra milagros, nos normaliza y permite disfrutar de ese otro amor de rodillas peladas. (Su frágil sublimación de coral melificado es apenas un buqué disuelto en sus propios, levísimos, suspiros)

Diáfana dijo...

Hola amigo Ciro.
No es triste el final, al contrario, Por fin deja de perseguir imposibles para disfrutar de lo que tiene a su alcance sin dejar de soñar. Por fin duerme con placer.
Es un buen final.
Quizá ahora, en vez de querer cazar estrellas del cielo quiera cazar las que brillan en los ojos de la magas.

En cuanto a tu alegría.... Esta mañana cuando me disponía a prepararme el desayuno vi que no me quedaba ni una pizca y es que a veces me convierto en una glotona y me la como toda de una vez, engullendo como una bulímica de la risa y, claro, luego voy a la estantería y no me queda para empezar bien el día. Así que si no te importa te cojo unas cucharaditas para esta tarde en la merienda.

Besitos de algodón

Diáfana dijo...

Gelbros, me siento una nuez ahogada en miel. Me empalago a mi misma pero no veas como me gusta jijiji

Estoy de acuerdo contigo, nada como una rodilla con postilla para recordar por un tiempo las lecciones de la vida.

Besitos melados, mermelados y lechecondensados

Daviciélago dijo...

las estrellas est�n mucho m�s cerca de lo que pensamos. Y lo que nos va sucediendo a veces nos hace odiar o amar la vida. Yo a pesar de los reveses la amo, la veo desde mi prisma, creo q irrealizable pero que me gusta intentar sobreponerme y ser yo. Me gust� mucho tu escrito. Vales, y vales mucho..Muchos besossssss Di�fanaaa

Diáfana dijo...

Tu sigue siendo tú, así de esa manera tan tuya, que a mi me tienes enganchada a tus locas letritas.
Besitos.