24 ago. 2008

Al otro lado del colchón

La noche que lloré por ti mi saquito de lágrimas reventó del todo. Que suerte tuve. Ya nunca más pude llorar por nadie y es algo que te agradezco.

Siempre duermo en el mismo lado de la cama. El tuyo es un hueco en alquiler sin fianza que ocupan intermitentemente unos y otros sin dejar mucha huella.

A veces, cuando caen rendidos con las facciones relajadas, los observo pero no veo nada. Son como gelatina transparente. Puedo ver a través de ellos la forma de tu cuerpo labrada en el colchón, las arrugas de las sábanas que dejaste, tu olor.

No me pone triste pero me sorprende esa capacidad de permanencia que hace invisible la materia de los que te suplantan y que aún me impide ocupar tu lugar.

No quiero que vuelvas, te negaría la entrada, tenlo por seguro, solo guardo lo aprendido y desecho la basura de tu recuerdo.
Guardo la lección bien aprendida.

4 comentarios:

like a rolling stone dijo...

Qu� triste.

Porque me pongo en el lugar de uno de esos que buscan una revancha.

Pero no significan nada.

Son invisibles.

Lo soy.

La pecera muy feliz del Major Tom dijo...

Wow.

Gabriel dijo...

Jamás dejaría que ese hueco se llenara sin recuerdos. Una caricia debería ser el principio. Y el final, otra.
Los tiempos mandan y deben gobernar sobre la prisa entre los amantes, mandándola al infierno en cada abrazo. Si tiene que haber vida después, pues bueno.

No he sido capaz de igualar, ante un escrito de esta categoría tan cojonuda, el comentario, estupendo, de la pecera muy feliz del major tom. Pido disculpas por intentarlo.

Isa dijo...

Dices: "No me pone triste..."

A mí me desgarra la fantástica descripción que haces del otro lado de la cama.
Me alegra tu vuelta.