9 jun. 2010

Adivino

Adivino tu negra silueta aún en mis ojos somnolientos.
Comienzas a explorarme y algo que escuece como una llaga en mi pecho me hace estar ausente de tu aliento, de tus manos, de mi piel.
Tus labios, tu lengua, arrancan a cada gota un poco mas de mis ganas, de una necesidad ignorada que perezosa se escondía en lo mas hondo de mi pena lenta y difusa.
Recorro tu perfil con la mirada sin rozarlo, oteando cada volumen de tu pelo, cada curva de tu cuello, de tus hombros. Y así, en la noche cerrada, apenas violada por un tenue contraluz lunar, penetro en tu mirada sin ver tus ojos, sin adivinarlos siquiera. Porque el valor necesita de las sombras para asomarse a mis pupilas y poder atrapar las tuyas, como no sé hacer a plena luz del día.

No hay comentarios: