1 ago. 2007

Eternamente en órbita

El ángel del destino se posó en mi hombro, rozó mi oreja con su ala y mis ojos se cerraron al mundo. Los pies de puntillas apenas tocan el suelo con los dedos. La magia gira en torbellino a mí alrededor, cubriéndome, haciéndome invisible para el mundo real. ¿Quién es real? Yo no lo soy. Soy una pantalla en la que se proyectan imágenes huérfanas de tiempo, soy un pensamiento, un torrente químico de caudal dispar y dudoso origen.

Vuelvo a ser quién era, quién olvidé ser, un ente poroso, absorto, que se deja atravesar por la belleza de tu música. Bamboléame, no tengas piedad, lánzame a donde nadie pueda volver a poner suelas de plomo en mis zapatos. Sin cuerpo, sin peso, sin tiempo, eternamente en órbita.

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