2 dic. 2007

El otro día te ví

El otro día te vi.

Yo estaba en la parada, frente al centro comercial. Me venía bien tomar ese autobús que llegaba pero pensé que iba demasiado lleno y decidí esperar sentada el siguiente. Estaba demasiado cansada como para ir de pie, apretujada, guardando el equilibrio.

Entonces te ví en el autobús, de pie, agarrado a la barra.
Te ví entre la gente y pensé si montarme para decirte: ¡Te conozco. Te he visto en la página de contactos, te he escrito... pero nunca has contestado! (por supuesto, lo entiendo. Para gustos colores).
Luego pensé que mejor me quedaba allí observándote, que seguramente si me metía en el bus me moriría de vergüenza y no te diría nada, o bien, que si superaba mi miedo y acertaba a balbucear algo podrías mirarme como a una chiflada o darme la espalda. Si, era mejor quedarme sentada en la parada del bus observándote. Cobarde pero seguro.

Tú me miraste, creo. ¿Me mirabas a mi o era a la masa informe de cabezas que se apiñaban frente a tí?. No, me mirabas a mí. Me miraste y remiraste porque no estabas seguro de que pudiesen estar clavandote la mirada fijamente. Cuando te cercioraste de que eras mi objetivo te volviste tímido, no sabias que hacer con los ojos. Me descartaste de tu punto de mira como descartas mi mails una y otra vez.

Me gustaste; interesante, inteligente, alto, cuidado, con carita de cansado pero...¿quién coño no tiene cara de cansado un día cualquiera a las 8 y media de la tarde?
Todos los días una maratón, todos los días se pierden minutos, horas, por no se sabe dónde. Van cayendo y no se recuperan más, nunca mas. No vuelven y caen los músculos de la cara, crecen las bolsas de los ojos, se pliega estreñida la piel. En fin, puta vida torbellino que, para bien, nos obliga a mirar a los ojos para descubrir la verdad del que tenemos enfrente, para jugar a las adivinanzas con los que nos cruzamos a diario. ¿Tiene cara de: buena gente, tontorrón, sabio, estúpido, buen follador..? Agudizando la intuición.

Yo intuyo muchas cosas por tu anuncio, por tus letras, tu foto... y ahora, después de verte anónimo entre la marea, se casi todo de ti.
Se que no te cruzaras conmigo, en esta vida por lo menos, pero que llevas mi imagen impresa en tu memoria, que vendrá de vez en cuando y que, a pesar de no ser tu destino, siempre te provocará preguntas.

Yo tampoco quiero conocerte. Ahora que lo sé todo sobre ti se que eres igual que otros muchos. Maravillosamente imantado pero con "ese no se qué" que me provoca alergia, me hace salir de mi y convertirme en un trozo de carne sin cerebro. De esos que sacan todo lo peor que hay en mi, y con los que acabo llorando a borbotones con una niña que se perdió en medio del bosque.

Pero seguiré provocándote preguntas y más preguntas sobre ti mismo. Esas preguntas que no te gustan porque nacen solas.

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