27 ene. 2008

Ya no te espero

Mi cabeza pesa un quintal. Se me cayó y quedó colgando del cuello hacía abajo, así, como muerta. No puedo levantarla, aunque ni siquiera lo he intentado. Y es que la apatía me sorbió con pajita y me dejo seca de ánimo.

Ahora lo veo todo del revés, mis ojos bocabajo miran sin ganas el mundo y no entienden nada. Se borraron los últimos detalles de éxtasis como por arte de magia negra. Y es que los pensamientos se me agolparon en el fondo de este tarro sin vida que tengo por cabeza. Ya no hay corriente eléctrica, la información no fluye y mi química reposa como posos de café en un puchero de agua sucia.

No moriré, lo sé. No será eterno, lo sé.

Acabará siendo solo un poco de tortícolis que se curará con una buena borrachera entre amigos y un polvo cualquiera para olvidar.

Pero mientras llega ese momento en que la apatía vomite la alegría que me robó siento el vacío de mi mirada, la flaccidez de mi cara y el frío que se pegó a mi piel.

Ni siquiera puedo llorar porque las lágrimas se congelarían como pequeños cubitos de hielo. Ni siquiera tengo fuerzas para echar de menos esa perfecta noche de sexo y pasión que nunca llegamos a tener.

Ya no te espero.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

"Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en su implacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles".

Ciro dijo...

Cúrate pronto.

Tus palabras me han acelerado el ritmo cardíaco.

Aunque son gratificantes.

besos....en los ojos

Diáfana dijo...

Bienvenido a mi casa.
¿Puedo llamarle Funes?
Anónimo es un nombre vacío y en serie que no me gusta nada y que no se ajusta a su talante.
Pase, por favor, y siéntese. Adivino que anduvo mucho hasta llegar aquí.
Quédese el tiempo que quiera. Me agrada la compañía. Y hable si quiere o calle si es lo que le apetece.
Todo esta permitido en esta sala.

Diáfana dijo...

Querido Ciro. Mi penas y mis alegrías son adictas a la montaña rusa. Por eso un segundo suben unas y bajan otras y así en un sin parar.
Solo basta un pequeño pero precioso gesto, un beso en los ojos, para que mi alegría gane y suba a la cima.
Gracias por tus buenos días.

Besos y sonrisas vuelan hacía ti.