30 jun. 2009

Caló

Se acabó la tregua, vuelta al calor sofocante.
A mi siempre me encantó el verano, sobre todo el de aquí, el de nueve meses, el de noches interminables en la calle pillando fresquito pa acumularlo y recordarlo al día siguiente. El problema es que en los últimos años mi cuerpo a sufrido una mutación que me hace pensar que me quiere enviar el mensaje de que en la segunda mitad de mi vida debería irme a vivir a Groenlandia, porque esta capa de grasa que me recubre no se derrite sino que se apelmaza aún mas con el calor y pareciera que visto un mono hecho de edredón de plumas del Ikea, de día y de noche.
Y si solo fuera eso….
Pero no, existen además los espejos. No solo los normales de los cuarto de baño, los de las entraditas o los de los ascensores. Existen también los acabados brillantes en los muebles de cocina rojos, los cristales comios de mierda en los autobuses, los escaparates enormes… En fin, reflejos vayas por donde vayas. Y es ahí cuando veo que el calor que tengo tiene su lógica y que el buen rollo que tengo con mi cuerpo cuando no me veo reflejada no es mas que una ilusión óptica de mi mente.
En un mundo sin espejos muchos guapos y guapas disfrutarían como colegiales de un buen bocata de salchichón a la pimienta sin meterse luego los dedos, pasarían mas tiempo con la familia y con los amigos en vez de estar medio día metidos en el gimnasio. Y todos, feos, guapos, altos bajos, culones y sin culo solo reflejaríamos con nuestras carnes la verdadera imagen que tenemos de nosotros mismos.

Pasaría la misma caló pero no me sentiría culpable

1 comentario:

Gabriel dijo...

MIra, Diáfana, la reflexión es de las buenas. Me adhiero barriga incluida.
Pero la última frase me ha sacado la mejor carcajada, esa que andaba escondida.
Un beso.