10 oct. 2009

El pastor de palabras


En la noche pastoreaba palabras. Según decía era el mejor momento para que pacieran libres sin miedo a las gomas de borrar.
Usaba un bastón de madera y grafito, las dejaba libres sobre el papel en blanco para que se agruparan a su antojo mientras, una a una, les peinaba los trazos con cuidado.
Luego, sacaba su tabaco, pausadamente se liaba un cigarrillo y se sentaba tranquilo sobre su manta verde a observar como se mezclaban entre ellas: los arrumacos de las que siempre van juntas, mezclándose y formando otras nuevas, los amores que brotaban entre las que aún andaban sin encontrar su sitio, las discusiones entre las que ya sabía que nunca se entendían pero que por mas que intentaba separarlas siempre acababan encontrándose.
Había, como no, las típicas palabras pesadas que no hacen mas que incordiar o escocer y que hay que tachar continuamente. Si, esas que al más mínimo descuido se sacuden la censura y ya están de nuevo a la carga. Para él formaban parte de su rebaño y las quería igualmente a pesar de todo
Eran noches dulces y plácidas en compañía de sus mejores amigas que le devolvían su amor con reflejos de si mismo. Le sorprendían con imágenes llenas de luz, o con oscuras y tenebrosas figuras, o bien con retratos que le eran muy familiares, pero sobre todo le regalan esa preciosa sensación de calida soledad en su exclusivo universo de palabras.

1 comentario:

bufu dijo...

Qué bello relato mínimo :) Queda usted agregada a mi blog. Ea!