1 ago. 2007

Mi Ventilador y Yo

Se siente mayor, lento, le cuesta arrancar. Lo hace al ritmo cadente de los vientos y las cuerdas de Philip Glass, es casi un espejismo de lo que era.

No, no lo consigue, sus aspas se desplazan tan lentamente como le es posible. Un caracol perdería los nervios mirándolas.

La pieza de música empieza a subir y el hace lo mismo, empieza a dar velocidad a sus brazos, realmente parece que le gusta el minimalismo, que baila con él.

Mientras él baila, se lo toma con calma, se lo piensa, se recrea, mi cuerpo llora su desprecio. Por todos los poros de mi piel cae un caudal de gotitas saladas río abajo.

Ya, ya si. Ya ha empezado a correr, muestra su energía al ritmo brillante de los violines y acaricia mi humedad con dulzura y alivio. Le miro de frente, echo la cabeza atrás y disfruto de su torrente amigo.

Ya se, tengo aire acondicionado, pero ese esta ahí, muy arriba, con sus gases que marchitan mi mundo y que me transmite un frío de ultratumba.

Yo me quedo con mi ventilador, mi viejo y sacrificado ventilador con sus remiendos de cinta aislante y su amarillenta piel de plástico.

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