3 jun. 2009

Mientras yo escribía

Mientras yo escribía algo asfixiante, aterrador, suicida, en el mismo instante, a un centenar de kilómetros hacía la estepa, gracias a nuestra magia particular, tú escribías algo sano, sencillo, algo pegado a la tierra.

Tú lo publicas. Yo no puedo hacerlo, demasiada desnudez. Tu canto de grillo, por suerte, me arropa con un calido y reparador beso en la frente y el dolor se calla.

Quizá consigas curar mi fobia a los insectos. Quién sabe…

Atravieso la cama y poso la cabeza en un rincón. Dejo los brazos colgando y me abandono mientras el aire cala en mi piel profundamente intentando atrapar la mayor cantidad de frío posible, como queriendo guardarlo para cuando se vaya por mucho tiempo.
Abrazo la esquina de mi colchón con suavidad y siento tu pecho y tu respirar en mi cara. Pienso en nuestra conversación y siento la certeza de que todo esta bien, como debe ser.
Tu en tu cama con tus alegría y tus desvelos. Yo en la mía imaginando palabras para ti. Y en medio una nube mullida donde bailar sin marcar el compás, donde reír sin heridas, donde las familias rotas y las infancias extrañas no tienen nada que decir.
Quién quiere realidades teniendo mentiras dónde poder ser nosotros mismo.
Todo esta bien, como debe ser.

1 comentario:

Gabriel dijo...

No trituro con lecturas que interpretan la primera que tú haces cuando escribes. No suelo hacerlo. Pero sí agradezco que invites a reír sin heridas. Vaya maravilla.