31 may. 2010

Rozando el azul

En una conjunción de sutiles movimientos, de sutiles intensidades y aromas, de suaves roces hirientes con gusto a dolores que calman, que encuentran puerto donde anclar instantes de extraña pero cercana belleza, hallo paisajes que recuerdan a playas adolescentes y que hacen vislumbrar mares maduros, con colores que gritan o que a ratos susurran en rojo y en violeta.

La espuma baña mis ojos casi negros inundándolos de lágrimas que sonríen. Te escapas entre mis anillos y te dejo ir libre como un grano de arena bailando con el levante. No vuelvas si no es para besarme, a boca llena, la frente. No me mires si no es para decirme todo y nada, si no es para mostrarme otros caminos que aún no veo.

Baila libre al sol que quema los sueños muertos y luego empápate de mar azul, tan azul y tan largo como las lenguas de los que buscan ansiosos donde depositar un trago de amor pasajero, sin secuelas, sin patrones, sin excusas ni deudas, tan perdurables como las miradas furtivas de quien no sabe mirar un espejo.

Me bebo el azul de tu garganta y el sol dibuja estrellas temblorosas en mis pestañas, porque hoy tengo cuerpo de verano, voz de primavera y ojos de niña que no duda en jugar con la arena de mis pensamientos.
No construyo fortalezas, eso ya me aburre. Ahora trazo cuencas donde hacerme agua.

1 comentario:

aina libe dijo...

Toma ya! Oye, publica ya un libro de relatitos! Un abrazo.

Felipe.